Hace algunas semanas, sentado en una de los seminarios del encuentro anual de la Society of News Design (SND) me topé con uno de los autores que citaba cuando hacía clases de “Nuevos Medios” en nuestra Escuela de Periodismo. Era Roger Fidler, autor del libro Mediamorfosis, que habla de la evolución de los nuevos medios. Por años no había escuchado de él, pero ahí estaba, atento escuchando una presentación acerca de infografías en los diarios.

Roger Fidler, un periodista internacionalmente reconocido por su trabajo visionario, estuvo 34 años en la industria periodística, luego fue director de Nuevos Medios para Knight Ridder – un conglomerado de medios estadounidense- y después estuvo en Kent State University como profesor de periodismo, precisamente cuando escribió su libro. Hoy es el director de Iniciativas Tecnológicas en la Universidad de Missouri en Columbia, Estados Unidos.

Luego de presentarme, nos sentamos y conversamos largamente. Yo quería saber en qué había esta concentrado en todo este tiempo. Su respuesta: trabajando en el mundo académico del periodismo. Me comenta que luego de tanto avance tecnológico, con tristeza ha concluído que los periodistas se han quedado atrás. “Los periodistas son tecnofóbicos”, me dice. Se refiere a que en todos estos años ha visto como los estudiantes y profesionales del periodismo esquivan todo lo que tenga que ver con la tecnología. No la entienden, y no la quieren entender, me recalca.

¿Pero qué es lo que la tecnología puede ofrecerle al periodismo? (es una pregunta retórica) Mucho, y mucho más cuando entendemos que la tecnología está ahí para ayudarnos a contar mejor las historias, llegar de mejor forma a nuestro público y crear nuevas formas de comunicación.

Fidler tenía en sus manos un prototipo que utiliza “tinta electrónica” con el cual lleva trabajando un tiempo. Dentro tenía cargado una edición del diario electrónico de la ciudad donde está la Universidad de Missouri. El aparato era increíblemente portátil, liviano como un cuaderno pequeño con una pantalla con un alto contraste, que incluso permitía leer a pleno sol (mucho más que cualquier pantalla de computador portátil y muy parecido al papel real). El contenido era muy parecido a un PDF, con una interactividad más compleja y con videos incrustados.

(Más información en http://www.irextechnologies.com/products/iliad y http://www.columbiamissourian.com/emprint/ )

El trabajo de desarrollo en el que él ha estado involucrado no es tanto con la tecnología misma del aparato (aunque ha entregado sus comentarios a sus fabricantes),  más bien es cómo usar esa tecnología como una plataforma para contar historias. No se sabe si la “tinta electrónica” será el reemplazante definitivo del papel de los periódicos, pero es parte de la misión de los periodistas (y de la industria) el probar y explorar. 

¿Tienen los periodistas que saber programar? ¿Tienen que entender cómo un byte es transmitido? ¿O entender qué es un “callback”?  (un concepto de programación que describe el procedimiento gatillado por un servidor hacia un cliente). Fidler diría que sí. ¿Esto significa que tenemos que cambiar las mallas académicas de las escuelas de periodismo y agregar cursos de programación? No necesariamente, o por lo menos no todavía. Por ahora, por ejemplo, podríamos hacer a los estudiantes de periodismo trabajar en proyectos junto a ingenieros, o impulsarlos a usar herramientas simples de programación para “perderles el miedo”.

Creo que es una pregunta abierta que ciertamente nos abre muchos desafíos. El primer paso, dejar de tenerle miedo a la tecnología moderna. Y hago la distinción de “moderna”, ya que todo lo que usamos hoy como herramientas periodísticas también son avances tecnológicos, aunque un poco más antiguos, claro.